lunes, 31 de diciembre de 2007

Antes que anochezca

“Antes que anochezca” es el título de la autobiografía de Reinaldo Arenas, un escritor cubano que tras escapar del régimen se suicidó en Nueva York en 1990 estando ya en la fase terminal del SIDA. En el libro se intuye una gran carga de resentimiento contra el régimen cubano pero también contra el capitalismo. Reinaldo Arenas concluirá que la vida de las personas bajo el sistema comunista está determinada por la figura del dictador, mientras que en el sistema capitalista es el dinero quien cumple el papel de tirano y señor.

Arenas logra una narración que atrapa hasta el final, sobre todo a aquellos que gustamos de conocer las circunstancias que rodean la creación artística. En el caso de “Antes que anochezca” la literatura es vista como un consuelo o una maldición. Es un buen libro pero eso sí, un moralista debe esforzarse para soportar la constante descripción de relaciones homosexuales.

El título –Antes que anochezca- tiene una doble connotación. La primera recuerda la época en que Reinaldo Arenas debió esconderse en el Parque Lenin en la Habana pues era buscado por la policía. Allí el escritor comenzó su autobiografía y sólo podía escribir antes que cayera la noche, mientras aún gozaba de la luz del sol. La segunda connotación, y tal vez la principal, hace referencia al propósito de Arenas de contar su vida antes que lo sorprendiera la muerte cuando ya era un enfermo de SIDA.

“Antes que anochezca” –como todos los libros y como todas las vidas- tiene algo que decir, alguna reflexión que compartir, un contraste que realizar con nuestra propia existencia. Aquellos que amamos la literatura tenemos en este libro una gran puerta para adentrarnos en la realidad literaria de nuestra época. También puede servirnos para desmitificar un poco la revolución cubana, esto último depende del apego emocional que cada uno tenga con su ideología.

domingo, 23 de diciembre de 2007

lunes, 17 de diciembre de 2007

Navidad

"Los buenos tiempos pasan, son pocos. Los disfruto con la inocencia de un niño a quien todo le es concedido. No soy un niño; es posible que sea un hombre obsesionado con la juventud…"

Gabino Manrique vuelve a casa. Carlos Aguasaco

jueves, 13 de diciembre de 2007

Una buena noche


Estas son fotos de una buena noche. Simplemente como dice la canción:

"Numa folha qualquer eu desenho um navio de partida
com alguns bons amigos bebendo de bem com a vida."

(En una hoja cualquiera yo dibujo un navío de partida
Con algunos buenos amigos bebiendo de bien por la vida".)

Aquarela. Toquinho y Vinicius de Moraes.

viernes, 26 de octubre de 2007

Historias de la princesa oscura de Barcelona

Ahí va otra joya, sacada de uno de esos magníficos libros de los que por alguna razón de aislamiento cultural no se difunden mucho en Colombia. Cuando pasan tantos meses para poder hallar fuerza en medio de tanta literatura de comercio, lamento la pobreza de nuestro círculo literario. Por culpa de las estúpidas alegrías paliativas con que vivimos en Colombia, seducido por la apariencia de vivir en la capital mundial del libro, casi pude perderme la oportunidad de sumergirme en la posmodernidad de la noche barcelonesa. El vacío que nos espera en unos años logra apreciarse desde las primeras páginas de este libro. Por ahora sólo les regalo este fragmento:

Hay más fantasmas en un sola noche
que noches tiene la existencia
del fantasma de uno mismo.

Días de ira. Alfredo Viertel.

sábado, 13 de octubre de 2007

Adolescencia

Hay mañanas en que la adolescencia está esperando por nosotros al abrir los ojos. Eso me ha ocurrido hoy. Y como cuando era muy joven y madrugaba a moldear el cuerpo trotando por el bosque de San Carlos o simplemente me levantaba muy temprano y me arreglaba con esmero para ir a buscar la vida que pensaba estaba fuera de mi casa y de mí mismo, esta mañana me he levantado con el ánimo despejado para hacer las cosas. Vi mil caminos posibles de caminatas por parques metropolitanos o búsqueda de conferencias sobre temas interesantes y banales. También consideré la posibilidad de un desayuno con algún amigo madrugrador pero la realidad me dijo que esa circunstancia no cabía dentro de las mil que eran factibles: la mayoría de mis amigos se marcharon hace tiempo fuera del país a respirar aromas de viñedos, vientos secos o contaminación de urbes globales. Los otros, los pocos que quedan en Colombia, contrajeron obligaciones maritales que limitan demasiado la alternativa de revivir esa adolescencia que a mí me esperaba en la mañana. Después pensé en la posibilidad de ir al cineclub de la Biblioteca Virgilio Barco pero me detuvo la certeza que tras ese deseo estaba la oculta intención de revivir instantes de años atrás en que me reunía en ese mismo templo con Javier y José a planear proyectos nunca consumados. Entonces me decidí por mis prioridades y primero organicé en el apartamento las cosas que tenía desajustadas. Y entonces ahora, mientras una sombra de mi adolescencia sigue empujándome a la calle al tiempo que el animal adulto que me habita me llama a la responsabilidad, mientras me hago aparte para que se consume esa batalla interior entre esas dos fuerzas, decidí escribir y lanzar esta botella al mar. Pero la palabra botella me recuerda un poco de vodka que tengo enfriando dentro de una whiskera en el congelador. Mis viejos hábitos y el cliché del escritor que algún día quiero ser, me hacen ir hasta la nevera y tomar un sorbo. A veces quisiera ser un SS alemán o un soldado ruso dándose valor en el Frente del Este, y no este proyecto de pequeño burgués que la sociedad me impone ser. Indudablemente, los años y la realidad han hecho lo suyo en mi existencia. Al segundo sorbo de vodka, pienso que así como el fantasma de mi adolescencia me esperaba esta madrugada, un día lo hará la muerte. Por supuesto que no espero ver una figura pelona envuelta en capa negra y con una guadaña en la mano, simplemente creo que llegado el momento una densa niebla comenzará a cubrirme y la infinita mezcla de duda y temor por lo desconocido se apoderará de mi alma mientras abandono el cuerpo. Pero me estoy yendo por otro camino y la sombra que me espera en el futuro amenaza tragarse el fantasma luminoso de mi ayer que vino a visitarme esta mañana. Decido no ser tan imparcial en la batalla. Y si bien espero nunca tener comportamientos de “cuchacho”, inclino la balanza a favor de la adolescencia y su irresponsabilidad. Espero terminar la noche en algún bar o al menos jugando bolos alegremente. Por ahora, hago un brindis con Cernuda, y entre ambos, con este poema, le rendimos homenaje a nuestros años idos:

Adolescente fui en días idénticos a nubes,
cosa grácil, visible por penumbra y reflejo,
y extraño es, si ese recuerdo busco,
que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.

Perder placer es triste
como la dulce lámpara sobre el lento nocturno;
aquél fui, aquél fui, aquél he sido;
era la ignorancia mi sombra.

Ni gozo ni pena;
fui niño prisionero entre muros cambiantes;
historias como cuerpos, cristales como cielos,
sueño luego, un sueño más alto que la vida.

Cuando la muerte quiera
una verdad quitar de entre mis manos,
las hallará vacías, como en la adolescencia
ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.

Adolescencia. Luis Cernuda.

miércoles, 10 de octubre de 2007

El valor de las cosas fugaces

Después de un par de semanas de machacarme la cabeza tratando de desentrañar enigmas inexistentes, sólo conseguí un dolor enorme en el cuello que me hizo caminar como robocop por dos días, y la pérdida del sentido de lo sencillo y lo fugaz. Lamentablemente fueron días en que viví con antiguas nieblas de mi corazón. Afortunadamente hoy algo me hizo recordar la belleza de las cosas pasajeras, el valor de la pasión en la vida. Y entonces, al volver al apartamento, el reencuentro con la vida me hizo sacar cajas olvidadas en el closet y buscar en una vieja agenda este poema que me dedicó una vieja amiga. Le tengo cariño porque fue dedicado en un momento especial, hace 11 años, cuando también el sentido de la vida andaba perdido entre las sombras que tuve que saborear en mi primera juventud.

Un momento de amor vale una vida,
vanos son los fantasmas del futuro.
Si el momento presente está seguro
nada hay que la ventura nos impida.

Como todo, el amor pasa y se olvida.
¿Para qué el ansia y el temor oscuro
si el momento presente está seguro
y la ventana azul está florida?

Cenizas, soledad, carbón impuro
sólo deja la hoguera enrojecida.
Nos hemos de olvidar en el futuro

mas hoy la reja azul está florida
y el momento presente está seguro.
¡Un momento de amor vale una vida!

Rondel. Aurelio Martínez Mutis.